Bayern solo hay uno


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El Bayern de Munich de Jupp Heynckes campeón de Europa en 2013 aplastó al FC Barcelona de Xavi y Messi con un 7-0 en dos partidos que el mejor centrocampista que ha dado el fútbol español resumió con una de las frases más célebres del fútbol moderno. “Si miramos solo el resultado nos quedamos en lo superficial”. No contento con eso, añadió: “El balón fue nuestro, no pudieron dominarnos”. Todos apreciamos la obra de Xavi, pero cuando llegas a este nivel de fervor en la derrota, es obvio que solo la palabra y los actos de un mesías te conducen. Los menos creyentes tenemos problemas para seguir ese ritmo. Solo así puedes ser capaz de no rendir respeto a un club gigante que te acaba de aplastar fiel a su idea y su volksgeist.

Esta versión original del Bayern es la que se ha cruzado de nuevo con el Madrid de Cristiano y Ramos. Laterales profundos, antes Lahn, ahora Kimmich, siempre Alaba, dos torres arriba, Ribèry desatado y quien sabe si Robben. Un infierno de lo más familiar. Y a diferencia de los últimos dos cruces, esta vez el Bayern ha superado al Madrid, pero se marcha a casa con 4 goles encajados, y esto sin recibir ninguno de Cristiano Ronaldo, que lo tuvo muy cerca para cerrar la eliminatoria. A nadie en el equipo alemán se le ha oído decir que el 4-3 final es superficial porque lo único que avista en la superficie es la poca puntería de Lewandowski y la final de Kiev en la que no estará presente porque ha caído ante el único equipo que podía privarle de ese viaje.

Es la resistencia de un Madrid que ha tumbado a los campeones de Francia, Italia y Alemania ganando a domicilio y sufriendo en Chamartín, desde Cristiano a Navas, comportándose como un equipo inmune a sus propias debilidades cuando ha dado respiro y cancha a sus rivales, por ejemplo concediendo goles tempraneros. Se ha sobrepuesto al gol inicial del PSG en el Bernabéu, al esperpento del 0-3 de la Juve y al 0-1 de Kimmich que confirmaba la llegada del único y verdadero Bayern de Munich, esa ola imponente y roja que te coge del pecho y te puede destrozar superficial y emocionalmente en un día cualquiera.

Este Madrid, contra lo que sostienen todos los relativistas, ha esquivado la muerte en Europa porque conoce el camino. Se lo marca Luka Modric. Por eso empató Benzema resucitado, porque la jugada del 1-1 fue también un anuncio. La final es para nosotros. A lo último que se enfrenta el Madrid ya es a Salah, a Jurgen Klopp y al desprestigio de este Liverpool que se quitó de encima la multimillonaria apuesta del City en media hora. Al Madrid ya le anuncian que es un equipo muy menor a su lado, sin plantilla para asaltar el trono. Es el último gañán de la temporada al que despreciar. El Liverpool Football Club, cinco copas de Europa. Una final propia de una competición al alcance de cualquiera.

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