Cristiano: la década prodigiosa


Hay una parte del madridismo disimulando, haciendo ver que todo esto es normal pero lo que ha sucedido es que de pronto Cristiano Ronaldo se ha marchado a la Juventus. Les voy a recordar algo: no hay otro Cristiano Ronaldo, solo habrá uno y estaba escribiendo páginas doradas con 33 años. Fino, bien esculpido, asumiendo el paso de una década, más maduro y exacto en remates decisivos y noches grandes. El desencuentro ha debido ser épico, es decir personal, porque no puede haber sido económico. Las dos últimas temporadas de Cristiano han mostrado a un jugador cada vez más consciente de sí mismo, del enorme poder que ha llegado a atesorar sobre un terreno de juego. Bayern, Juve, Barça, Atlético, PSG, esperaba esas noches con tal grado de seguridad en su armamento que el Madrid sabe el vacío al que se enfrenta.

Cristiano fue la fuerza que convirtió al equipo es una amenaza diferente después de caer de mala forma en Europa sin encontrar manera de agarrarse al último Raúl. Llegó Ronaldo y con él un velociraptor, una manada, un descomunal jugador y delantero que deja 450 goles y 4 Copas de Europa que se marcha en ebullición después de golear a sus enterradores (y a todos los rivales deportivos) varias veces. El jugador que levantó al Madrid ante el mejor Barcelona que se ha conocido, el que interrumpió el reinado de Messi. Es tan grande el portugués que la cifra de su traspaso queda en una broma y en una dura noticia para esos inflacionistas que sacaron la cartera ante jugadores humanos en plena burbuja PSG.

Con Ronaldo se va del Madrid un extraterrestre del fútbol, un tipo que levantó siempre el cuello ante los puristas, seguro de mostrarles el gran elemento que diferencia a los grandes. Seguro de recordarles que este juego va de goles, por arriba, por abajo, desde todas las distancias, en cualquier minuto y en cualquier partido. Se va un delantero permanente, que nunca aflojó y nunca se lesionó. Se va un legendario futbolista y nadie ha explicado por qué exactamente. Si todo estaba bien. Si era la unión perfecta y natural. Hasta que se hubiese venido abajo, pongamos, con unos 20 goles por temporada. Soberbio y orgulloso, emulando a Santillana, a Di Stéfano o quien prefiera cada cual. Sin el “cariño de la gente”, pero de blanco, no de bianconero. Engordando como Puskas, incluso ese improbable habría valido.

En cualquier caso, el trauma y la confusión del día después son naturales. Lo que no es normal es creerse que el club no suspira por un reemplazo de más o menos altura. Dejar salir a Cristiano Ronaldo de tu equipo y no fichar un delantero porque tienes a Mayoral es el chiste del verano y delata una estrategia que se enfrenta a días decisivos en este melancólico agosto blanco. La sombra y el vacío que deja un depredador histórico, convertido en nostalgia y emblema de una década prodigiosa.

 


FOTOS: Getty

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