Deep purple

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El Madrid de los ochenta y noventa lució mucho el morado. Combinaba bien con el blanco, era el segundo color cuando solo había un segundo color posible y alguno podría jurar que respondía a la franja central de su escudo. “Me flipa haber ganado de morado“. Alguien escribió ese mensaje tras vencer a la Juve. Quizá conectaba con una de las Copas de la UEFA levantadas por la Quinta del Buitre y las fotos de aquello desperdigadas por la infancia. ¿El Madrid jugó de morado una final? La ruleta del marketing ha producido esta feliz  coincidencia, solo que esta vez el impacto será mayor en los niños.

La mejor final de todas no se ha ganado de blanco. Fue una profunda sacudida purple que se llevó por delante el mito de la fortaleza juventina con fútbol duro, por volumen y contundencia. Si hasta el golpeo de Casemiro pudo escucharse por televisión y el miedo de la Juve fue palpable en el momento en que Modric robaba ese balón en el balcón del área. El Cristiano más magnético de los últimos años cerró una final que hasta tuvo un bis para acabar la embestida con un anuncio prometedor y entonar en Gales el hit de Queen. Rock duro en la tierra que lo vio nacer.

Dijimos que estaba por ver una derrota o una final incontestable. Este Madrid ya la tiene y cada uno la utilizará como quiera, también sus enemigos o relativistas, que ejercen a tiempo completo. Una Juve envejecida, la suerte de no tener a Bale, rivales sin esplendor y otros recursos que asombran a toro pasado, inimaginables los días que hay sorteo de cruces. El caso es que el 1-4 puede hasta servir de homenaje a aquel equipo morado de los ochenta que se quedó a las puertas del trono. La gama cromática de la victoria, por tanto, se ha ampliado en Cardiff, aceptable metáfora para un Madrid que encuentra caminos por todos sitios y que solo cayó en primavera ante Messi cuando buscaba cerrar la Liga con un jugador menos delante de su parroquia y en el último segundo.

En Cardiff, el Madrid se tomó a la Juve como cualquiera lo habría hecho, con el respeto hacia uno de los grandes italianos bien afilado. Y ahí está ese primer tiempo, que se jugó más cerca de la portería de Navas que de la Buffon, aunque esta final sea recordada por lo poco que pudo ofrecer el campeón de Italia en el segundo tiempo, sometido por la fiebre de Modric, Kroos e Isco y la efervescencia de Marcelo y Carvajal. Se recordará también como una de las mejores noches de Cristiano, que hizo exactamente lo que se esperaba de él tras romper a Bayern y Atlético contra casi todos los pronósticos. El muro es el Madrid, y su grosor a estas horas se desconoce, metido de lleno en honrar la década bianconera de sus fundadores con millones de colores y bits por pixel.

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