Esto es Esparta


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El día que Miranda decidió aquella final de Copa en el Bernabéu aún muchos madridistas no sabían quién era Miranda, ni Godín ni el resto de espartanos a los que Diego Simeone ha conducido a las puertas de la gloria. Consecuencia de la larga década. Ahora saben de sobra que la BBC no puede con ellos. Les exige un esfuerzo, una rapidez, una precisión y una determinación que desde hace tiempo no son capaces de mostrar. Aún en 2013 existían dos certezas básicas sobre el Atlético de Madrid. Siempre tendrá buenos delanteros (aquel día Falcao) y siempre será un equipo débil. Aquello de algún modo se mantuvo a pesar de la Liga y por mucho que la final de Lisboa avanzara. El 4-0 ha terminado con eso.

Ha pasado tanto tiempo desde los días de Futre y Buyo que muchos no conocían al Atlético o lo daban por perdido. Solo los mayores guardaban el sitio. Siempre han mantenido una distancia prudente e innegociable. La goleada no les pilla por sorpresa pero introduce definitivamente al Atlético como equipo grande en las mentes de varias generaciones de aficionados porque hay que irse a 1977 para encontrar algo parecido. Esta vez no hubo goles a balón parado ni minas por todo el campo. Todo fue presión, ideas claras y fútbol rápido, la santísima trinidad con la que Simeone ha construido este equipo de barrio.  El resultado de todo esto es que ahora los atléticos ya tienen a Arda celebrando los partidos como Juanito dejando el campo en días de remontada, brincando y soltando puños al aire con el corazón hinchado, mandíbula y barba bien arriba.

LOS ATLÉTICOS YA TIENEN A ARDA CELEBRANDO LOS PARTIDOS COMO JUANITO DEJANDO EL CAMPO EN DÍAS DE REMONTADA

La congelación del Madrid son varios párrafos. Tácticamente conduce a la que se supone que fue la primera obsesión de Ancelotti,  el equilibrio, y a la sucesión de análisis sobre qué va a pasar hasta que vuelva Luka Modric y la pareja de centrales. En días señalados y días de bajas el italiano ha sabido ser un 4-4-2 como quien se viste bien para una boda, pero ante el Atlético no encuentra soluciones y el apagón del Calderón va más allá. Emocionalmente produce más incógnitas. Ante el campeón de Liga, el día en que pudieron casi descartarles al título y tras cinco partidos sin ganar, el equipo no compareció. Fue un hecho anterior y paralelo al resultado. Ese parece mayor problema que el primero.

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