Goles gourmet


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Karim Mcfly I FOTO original: Real Madrid CF

Lo hacía con frecuencia Thierry Henry. Desde ese vértice entraba y colocaba balones en la escuadra contraria en uno de los golpeos más deliciosos que existen en fútbol. Pero lo hacía con ese galopar elegante y una seguridad propia de los mejores anotadores NBA, como flotando. Antes conocimos a Marco Van Basten y su teoría de los ángulos imposibles. Misma seguridad, quizá más categoría. Karim Benzema pertenece a ese grupo de delanteros que en ocasiones parecen flotar sobre las defensas como Marty McFly en el monopatín del siglo XXI. Jugadores superiores que entran en el área y en la memoria de la gente por otra puerta que no es ni la de la efectividad ni la del carácter, es solo cuestión de estilo.

Esta semana se producen elogios íntimos incluso de quienes suelen discutir la oportunidad de Benzema en el Madrid de la excelencia, cuando lo cierto es que representa como pocos ese concepto tan cursi, empresarial y moderno. Han sacado lo del chaleco electromagnético para explicar la clave. Pero su fútbol es anterior. En la Castellana muchos siempre torcerán el gesto porque aunque el francés es fino no es un killer. No les basta la producción futbolística de este nueve y medio, pero después de cinco temporadas saben de sobra el valor que tiene.  Ahora también saben que con su golazo a la Real ha igualado las dianas que hizo en Liga Ronaldo Nazario, con el que comparte corpachón, calva y dorsal, aquella manada que ninguneaba defensores y necesitaba menos minutos y juego para marcar más.

HAN SACADO LO DEL CHALECO ELECTROMAGNÉTICO PARA EXPLICAR LA “CLAVE”. PERO SU FÚTBOL ES ANTERIOR

Se lee, se escucha y se piensa que Benzema juega tanto porque está bendecido por el jefe, y no se hable más. O al menos ha sido así hasta hace poco. La crónica periodística alrededor del Madrid se limita a identificar el nivel de simpatía y aprobación de la que goza cada jugador con el todopoderoso presidente y qué corrillos hay aquí y allí. De esa forma se descifran los dramas de una plantilla millonaria. Y en ocasiones, se habla de juego. Mientras en la grada descubríamos el fútbol frío, inteligente y fugaz de Benzema, el tipo de juego difícil que suele mejorar las jugadas, todo era ruido a su alrededor: el estruendo de Cristiano, la protección del jefe, la presión de Mourinho, la salida de ValdanoHiguaín, Negredo, Falcao, Luis Súarez y los que faltan.

Posiblemente a Benzema le quedan unos cuantos goles decisivos por fallar con el 9 en la espalda. Goles hechos, como el que no perdonó ante el Bayern en la semifinal del pasado año y que nadie recuerda.  Se lamentarán con rabia por todos los merengues y especial desesperación por parte de los puristas del delanterocentrismo, corriente de pensamiento de gran prestigio fundada a fuego, y a un toque, por el mexicano Hugo Sánchez. Pero así es la vida. Benzema es maestro del primer toque pero es grandote, salta poco, y no es fácil marcar goles fáciles a veces. La gente olvida que el cuerpo se puede interponer entre tu cerebro y tus pies. Este hombre está hecho para trazos más finos cuando entra en el área, como demostró en Pamplona un día, y también cuando sale. Es bastante probable que antes de ese error el francés haya intervenido en la triangulación de manera precisa, dos atacantes en uno. Y encima sabremos que no se descentrará. Los buenos juegan bien la siguiente jugada, la siguiente pared. Jugadores y goles gourmet hay pocos. Comentarios muchos.

 

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