Iniesta, nada en particular

Iniesta, nada en particular


El otro día pudo leerse un tuit en el que una revista musical anunciaba una entrevista con Paul McCartney diciendo que habían hablado con él sobre nada en particular porque no hay nada más que preguntarle. Pasa lo mismo con jugadores como Andrés Iniesta: está todo dicho, escrito y jugado. Lo último, lo de los dos pasos adelante. También está todo ganado y expuesto, cosa que incluso la UEFA moderna y multicolor no procesa con naturalidad cuando sucede delante de sus narices.

Parece que se pierden un ejercicio especialmente asombroso y placentero en medio de tanta mediocridad y defensas en bloque, que consiste en observar mientras se pueda la talla menguante de todos los que rodean a Iniesta cuando el partido bulle. Esto incluye a sus compañeros, de ahí lo asombroso. Aunque se crecen con él, disminuyen porque hay un líder presente. Después pueden brincar los ilustres delanteros y poner caras duras, firmar grandes contratos y reventar las redes, pero todo habrá sucedido por Iniesta.

El catédrático de Albacete, rey de los espacios y la competitividad, aparece cuando nadie quiere saber nada del asunto ni del balón y es de las cosas más interesantes que se pueden ver hoy en España, además de muchas otras. Puede parecerlo, de hecho lo parece, pero Iniesta no es un español común en un país que se sacude la responsabilidad como las moscas y luego abre las ventanas para que se vayan rápido. A mayor presión, más Iniesta, otra verdad universal que este hombre lega a los aprendices y a los consagrados. En la última final de Copa volvió a comprobarse. Iniesta cruzaba el campo dejando en el camino a tanto sevillista como hiciera falta en la parte agónica del partido, incluso con más espacio que abarcar para exponer las reglas del fútbol, al jugar el Barça con uno menos.

Tal y como ha llegado a junio, ya sabemos que esto va a suceder en Francia. Con él ganas siempre porque en su mejor versión siempre hay una jugada imaginada con la que ganas aunque no salga. La ves. Como dirían en Cádiz, hemos venido a ver a Iniesta -y quizá a Silva-, el resultado nos da igual.

 

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