La desconexión

La desconexión


La verdad eterna de los grandes clubes de fútbol impone supuestamente códigos que no necesitan traducción. Son instantáneos. Como reserva sentimental de mucha gente, el fútbol se explica a través de ellos. Honor, estilo, amor por el juego y respeto por tu afición. Puede que estos días resulte que el Madrid ha sido una gran mentira, como si el hombre tampoco hubiese pisado la luna, que todo fue artificial y que lo que guardan las hemerotecas haya sido fruto de un guión ejecutado con precisión histórica y mente de genio. O puede, que siendo verdad, se escriba definitivamente el acta de defunción del Real Madrid Club de Fútbol, que se rompe cada lunes gane o pierda pero que esta vez podría desaparecer, disolverse, ser fiel a lo que haya sido, verdad o mentira, y proclamar: “Nos vamos. No respetamos la historia. Habéis ganado, debéis buscar otro enemigo. Ha sido un placer. Hala Madrid”.

La acumulación de hombres que entran y salen del club, todos de prestigio y proyección, es ya solo una pasarela al servicio de una marca que empieza a desconectar de sus fieles corazones mientras crece la facturación por caja. Los socios no se mueven, pero se van. De la tarde en Esparta a la tarde del otro día solo van unos meses con el escudo de campeón mundial en el pecho, con la nómina de futbolistas de salón al alza, con un central de 10 millones al año, con el goleador de todos los tiempos,  con centrocampistsas de buen gusto, con el mejor jugador de la Premier, con un entrenador querido, con un entrenador de la casa pero menos querido, con una de las estrellas sudamericanas del momento. Con todo eso y más, aunque sin regateadores, el Madrid ha desconectado de la realidad y parece que ya no distingue un partido de entreguerras de uno en el Calderón o ante el gran Barça de esta época. Un equipo que se quedó en Munich o Lisboa, y todo se perdona en esta vida, menos la traición de un amigo o de un amante. Capaz de marcharse de la escena ante rivales tan adorables y necesarios, el Madrid parece hoy cansado de su papel en esta vida. 

Agota ser el Madrid para estos hombres, por lo visto. Nada que pueda solucionar un técnico ejemplar, madrileño y robótico que madruga mucho, o un caballero italiano, alemán, galés, chileno, portugués, brasileño o francés (suena Zidane). Es algo inalcanzable, las ganas de jugar y de trascender, de ser el Madrí. Está visto que entre todos no entendieron a qué se enfrentaban el sábado o cómo corregirse, cómo armarse, juntarse, disfrutar, gambetear, encender a su gente. Pasarlo bien, lo que hace este Barcelona, vamos, cuando tiene delante la Historia y el Madrid. Los que hacen hoy este club parecen agotados de hacerlo o de simularlo. Todos esos señores que hablan de alma y orgullo, honor y trabajo, seriedad y fútbol, se pusieron muy pesados y nos metieron una tradición coñazo, llena de sentimentalismo, conservadurismo y obligaciones que no proceden cuando nadas en la fortuna, la popularidad y las ofertas. Mientras el Barça escribe la historia y produce técnicos y librillos para muchos años, el Madrid desconecta y se descubre artificial. 

Se va el Madrid, que ya es nostalgia. Queda el fútbol. 


(FOTO: Juan Manuel Serrano, Getty Images)

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