La vida sin Zidane (otra vez)


 

Volvemos al vacío emocional de 2006 cuando ese futbolista integral, perfecto, bello, eficaz y mágico dijo que lo dejaba. Que en lo más alto no podía soportar más. Falso, sí podía y aún puede. Qué tendrá que ver el cansancio de aquellas piernas con esto, pensamos. La exigencia física de un entrenador es de esas cosas que desconocemos los mortales y sin embargo hemos de dar por segura si se atiende al nivel de decisiones que la vida adulta te exige en general. A esa realidad le tienes que añadir decisiones sobre futbolistas como Gareth Bale, ganador de finales  y pura sangre a tiempo parcial, estrellas sudamericanas como James, toreros como Isco, porteros no oficiales como Keylor, leyendas como Cristiano. Estrellas multicanal, personal brands casi todos que te miran desde una vieja exigencia (tengo que jugar) en un mundo nuevo de adoración y ruido. 

Se puede decir que Zidane ha manejado todos los registros pero habiendo alumbrado dos equipos en uno la dimisión parcial de la plantilla el pasado otoño le ha debido convencer de que es el momento. Si ante un año arrollador el Madrid sesteó en la Liga a la espera de noches con glamour, corresponde a otro levantar la voz y la alineación. Les di todo y no mantuvieron la jerarquía que tanto costó alcanzar. Un arranque triste de Liga para quien acababa de poner en órbita al equipo. Aquel mes de sanción a Cristiano tras aplastar al Barça en el preludio de la temporada pudo ser el principio del final. O tan solo el hecho natural de que el banquillo del Madrid volvió a ser una cosa más o menos de este mundo.

El caso es que se va el más querido, el más respetado y el hombre que ha hecho historia con decisiones técnicas, tácticas y psicológias que los entendidos nunca llegaron a sospechar. Ya lo dijo en la previa de Kiev. Qué curioso es todo. Su nombre era tan grande que solo funcionaba como recurso populista. Clásicas voces críticas con el Florentinato que se frotaron las manos y han acabado frotándose unos ojos que han visto al Madrid de Cristiano alcanzar la expectativa: un actualización histórica que conecta con la generación de los cincuenta en la gloria europea. El Madrid de nuestros mayores ya es también nuestro.

Ahí queda Zidane registrado. No perdió una sola ronda ni final en tres cursos consecutivos de Champions League, dando juego a una segunda línea entusiasmada. Vázquez, Kovacic, Asensio.  Desde el principio intuimos que lo que mostraba este caso es la clara distinción entre poder y autoridad. A Zidane le pedimos que se quedara cinco años y nos ha dado la mitad. Deja tres Copas de Europa, una Liga y casi dos, y una foto de complicidad y grandeza. Y al hacerlo todo breve, deja un vacío sentimental para adorarle más aún.  Nadie podrá decir que se marcha en deuda.

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