Lo que diga Modric

Lo que diga Modric


Confirmado que estamos ante un caso sobre lo que distingue el poder de la autoridad, Zidane saborea su primer aniversario y mes favorito con una semana en Sevilla que puede certificar la sonrisa del Madrid o devolver al club a su hábitat natural con una buena derrota. Tiene dos oportunidades y ahora que la ciencia social empieza a medir la reputación de los entrenadores, parece que solo un 4-0 en la Copa (y quizá ni eso) podría alejar al francés del lugar donde se empieza a instalar como técnico a tener en cuenta, más allá de lo futbolístico. Sin saber nada del oficio, parece saber cosas sobre el fútbol, la vida y el engagement y con eso le va valiendo.

En cualquier caso, sería una pena, un drama para el Madrid, que la FIFA le nombrara entrenador del año. Está todo bien así, como enchufado e inexperto símbolo, rompería toda la magia ese sello oficial, le convertiría en entrenador casta, juegos de poder entre las élites mientras los entrenadores del pueblo trabajan de verdad. Por suerte,  está Ranieri. Lo que parece cierto es que el Madrid, por primera vez en décadas, presume de entrenador. Hace bien porque está de moda y porque no hay cargo más fugaz. Es el “espectáculo de los banquillos”. En el fondo, ese equipo de jóvenes estrellas que presionan y compiten junto a los veteranos lo está montando Zidane entre ruedas de prensa tan suaves como aquellos regates. Puro espectáculo moderno. 

Mientras, en el campo la gente sigue disfrutando de lo mismo, es decir, de Marcelo y de Modric. Al croata no se le recuerda una entrevista, la gente no sabe cómo suena su voz ni la estatura exacta que tiene. Todo lo que ve son sonrisas y esa cosa llamada excelencia. Gana metros donde son más largos. Recibe y suelta el balón donde menos tiempo hay. Y todo así. Afortunadamente, volvió a crecerle la melena y ante el Sevilla Modric dejó un remate para la historia solo truncado por el hecho de que la bola no entró. Una chilena en paralelo a la portería que define lo que el fútbol es en esta vida. Para eso se juega a esto, para que un día te llegue un balón de esos y saltes. En el caso de este rubio, un regalo de vuelta para quien se pasa el día empezando las jugadas como se empieza un lunes de enero animando a la oficina.

Los modernos índices de reputación de entrenadores quizá no contabilicen que este hombre de los Balcanes vino recomendado por Mourinho, incomprensible. Pero desde ese día, casi todos saben que en el campo se hace lo que diga Modric, por mucho que falle. Su chilena es lo más bonito del año (quién es Giroud), el no gol más celebrado en Chamartín, una acción poco vista en su catálogo pero la prueba estética de que el fútbol moderno sigue teniendo sentido ante sus enemigos. A algo hay que agarrarse un 9 de enero, eso también. 


FOTO: Gerard Jullian, Getty.

 

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