Milán, todo al revés


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Todo apunta a que la historia, el periodismo, la “gente” quiere que esta vez el Atlético levante la Copa, que “se lo debe el fútbol” y eso nos incluye a todos, también a los rivales. Que todo sea al revés de lo que sucedió en Lisboa, así como está preparando la final Diego Simeone. Sería por tanto justo que esta vez el Madrid marcara primero -no necesariamente con un error de Oblak–  y observar al Atleti  cargar contra la portería contraria por primera vez en la temporada así como en serio, incluidos los minutos finales.  Solo el título puede meter al club entre los grandes de Europa y para eso sería justo verles atacar con grandeza. Bale, que conoce bien las distancias de San Siro, y Ronaldo y todos los madridistas avergonzados de jugar una final inmerecida  firman ya esa situación de pregloria atlética a la espera de la carrera que liquide el partido.

Una vez haya levantado la Copa, las ausencias del Atlético en las ronda finales podrán ser equiparables a las del Liverpool FC, Manchester United o AC Milan, clubes de lustre que nadie sabe dónde estaban mientras el Madrid se cruzaba con equipos que no merecen consideración alguna por la gente como la Roma, el Wolfsburgo y el Manchester City, que solo es grande cuando se mide al Barça y más grande a partir del año que viene.  Así que en el papel de villano oficial, de finalista por decreto, de finalista casta, al Madrid solo le queda una salida: intentar ganar y pedir disculpas. Fue sin querer, suerte en los cruces y tal, el escudo y todo eso.

El Madrid, además, no es favorito de nuevo en una final de Copa de Europa moderna. Con la Juve de Del Piero en 1998 y con el Valencia de Mendieta y el Piojo López en 2000 se dirigía a la derrota. Hoy parece impresionado por la rocosidad de este Atlético hasta que empiece el partido, al menos. Después de regalar Liga y Copa en invierno y cambiar de entrenador, nadie entendería una foto de campeones, especialmente ante un rival que desde la tarde en Esparta sabe muy bien cómo neutralizar esa delantera de tres. Volvió a hacerlo en febrero con tres puntos que a la postre costaron un título al vecino.

Sabemos que hay más ciencia detrás (el centro del campo) pero lo cierto es que ante la defensa atlética, la BBC lleva tiempo pareciendo de futbolín, estática, incapaz de alumbrar espacios nuevos y situaciones de superioridad. A Bale en la derecha le saben esperar y a Ronaldo por fin supieron negarle los espacios con los que armaba el muslo. Queda el verso libre, Benzema y sus trazos finos, que tampoco han servido de mucho cuando Godín está cerca. Si todo es al revés en Milán, esto también cambiará y en cualquier caso siempre llegarán desde atrás Marcelo y Carvajal, para los que no existe abreviatura (la MC) pero seguro, a estas horas, un estudiadísimo antídoto.

Como todo será al revés, el Atlético no comparecerá con un delantero lesionado y por tanto Griezmann es el hombre del partido porque casi todo el mundo, incluido Del Bosque, entiende que Torres ya no está para superar a Ramos y Pepe en un partido así. Si realmente en Milán se va a hacer justicia, que marque Koke o Saúl, es con ese tipo de material con el que se ha levantado este Atlético de Madrid que nadie se creía en la Castellana. Los verdaderos vengadores, indios de pluma y hacha. Que Gabi dispute la partida a Kroos y Modric, que Juanfran se las vea con Cristiano. No se le puede negar romanticismo ni patriotismo a este Atleti, más allá de retos y análisis tácticos profesionales. El del Madrid, ya sabemos, se concentra en esencia de Ramos, que lleva tiempo sin marcar de cabeza, y en la calva santa de Zinedine Zidane.

Abran juego.

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