Nostalgia


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Puede que algún día se les acabe el fuelle, las fuerzas y hasta la ambición y nos aplaste la nostalgia. A los culés les ocurrirá sin ningún género de duda. A algunos madridistas les costará más, un punto más exigentes, bien acostumbrados a fichajes sonados desde hace una década y a comportamientos ejemplares, recios socios veteranos que no pasan una pero que acabarán rendidos a la tristeza melancólica cuando recuerden a un guerrero obsesionado consigo pero sobre todo, y por lo que pasa a la historia, con la portería rival. Es lo que nos dieron, goles en cantidades industriales, y por tanto, no humanas, y su traducción sentimental: la ilusión de una tarde memorable, el miedo del enemigo y todo lo demás. Conviene sentir nostalgia ya por Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, en cada acción. Indiscutiblemente, nos costará más sentirla por Manuel Neuer.

Muchos genios, además de muchos otros hoy, andan bien de ego. En el primer caso es lo normal y lo justo. Hay que ser muy humilde y muy tozudo para que no te ocurra en estos días, o incluso un falso ciego. Si dejamos de lado eso y lo que lo alimenta sin piedad y con muchos euros, esta feria mediática, digital, publicitaria y multimillonaria en la que viven las estrellas, podemos volver un momento al Balón de Oro de toda la vida. Nos conduce al balón de cuero, que es el de verdad y el que pertenece a todos, el que es difícil de controlar y con el que se juega y se jugaba.  Messi y Cristiano son celebrities pero también son dos gigantes del fútbol y solo están aquí por eso, porque moverse con un balón o antes de recibirlo con esa precisión, velocidad e inteligencia nos asombra y nos divierte y no es fácil.

CONVIENE SENTIR NOSTALGIA YA POR CRISTIANO RONALDO Y LIONEL MESSI, EN CADA ACCIÓN

Y no estábamos acostumbrados a tanto, a tanta pasión y disputa, a tantos remates y de esa calidad, y a un buen número de asistencias. No sé si nos merecemos 60 goles por año, como si hubiera que recordar que nos transforman por un instante. Nuestra generación no lo había visto. Hemos conocido maravillosos delanteros y medios, gente muy elegante, pero no esta voracidad que los críticos y muchos veteranos solo visten de egoísmo. La naturaleza del juego les permite ser solistas solo hasta cierto punto y no hay que martirizarse tanto por ello. Generan expectación y remueven sus equipos.

Quienes miran el fútbol y sacuden a las dos estrellas por estar inundadas de ego y dinero desde una posición más o menos neutral, más o menos racional, más o menos humana o más o menos ética, cargados de algunas razones, también sentirán nostalgia. Porque si miran fútbol se asombran en esos breves instantes: pum. Golazo.

Le pasará también a quienes sigan afirmando que el portugués “no entiende” el juego, ni los límites de su cuerpo, ni la estética ni nada parecido al sentido común. Gente más maja como Rafa Nadal también ha exprimido sus rodillas y no sacaba bien hace años, pero ya es leyenda. Hacen falta bastante sabiduría y partidos jugados, o vivir en la trinchera, para afirmar que Cristiano Ronaldo, anunciado jugador del año, no entiende el fútbol, pero por ahí sigue eso. También quienes acusan a Leo Messi de someter al FC Barcelona a su dictado y capricho sentirán nostalgia del pequeño dictador. No tenemos margen. Si son tan grandes no podemos hacer ya nada más que mirar, mientras sea posible. Anticiparnos al vacío.

 

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