Oro puro


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La cursilería de France Footbal le puso aún las cosas más difíciles a Luka Modric. No solo mantuvo el eje del Madrid por tercer año seguido en Europa, condujo a Croacia a una final imposible y tuvo que apretar en esta nueva fiesta de naciones de la UEFA después del verano. Su último esfuerzo, quizá el mayor, fue tratar de asumir que es el futbolista de año por delante de Cristiano, Messi, Mbappé y Griezmann desde un balcón en las alturas de un palacio de cristal pomposamente engalanado. A siete metros sobre el resto de compañeros (salvo Cristiano, que empieza a perder tal condición definitivamente), como si de un emperador se tratase, trató de evitar que el trofeo se cayera de sus manos y las palabras de su boca. 

Es posible que el Balón de Oro entregado a Luka Modric cierre definitivamente una época. No se trata de Cristiano y Messi, sino del viejo prestigio que acumula la Copa del Mundo entre periodistas y aficionados. Ante la sobredosis que se avecina sobre un calendario multiusos, el fútbol ha vuelto su mirada a eso que los finos llaman “un arquitecto del juego” medido en lo que queda de la gran cita. El madridista goza la foto pero todos los futboleros celebran que ese balón haya vuelto al centro del campo, a las manos y los pies de quien reparte balón entre todos y no de cualquier forma, es decir, en las mejores condiciones. A diferencia de lo que sucede con los extraterrestres, el balón de Modric es todos los mortales, incluidos todos los Modrics que se han quedado sin trofeo recientemente y cuya lista seguramente encabece Xavi Hernández.

A ese cerebro, a ese big data del fútbol, llega esta vez la bola dorada. Todos lo sabemos. El buen juego es oro puro.

 

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