Un minuto de felicidad


En su eterna narrativa de la derrota (no sé si narrativa sigue de moda), el Atlético de Madrid ha vuelto con lo del barrio y los sentimientos verdaderos para decirle al Madrid y al mundo que ellos sí son el pueblo. El relato (me pasa lo mismo que con la otra palabra) continuaría dando por hecho que el pueblo fue machacado por la casta y el palco del Bernabéu la semana pasada, encarnada por Cristiano, un jugador que no se ha criado en Beverly Hills pero podría vivir allí perfectamente y establecer un puente aéreo con Madeira, que incluso ha cambiado el nombre del aeropuerto.

Se está escribiendo todo con mucho más tino que estas líneas y a una velocidad insuperable hasta el punto de que puede no haber trofeo en Cardiff.  Ganar y perder son conceptos relativos mientras encuentres gloria en la derrota y los ideales queden por encima, que eso es el deporte a fin de cuentas. Conviene recordarlo sin ironía muchas veces, es edificante y verdadero y está visto que ayudaría a muchos padres a desintoxicar su cerebro y su sangre. Es un camino menos divertido a veces, eso también, y puede acomodarte en un lugar que no gusta demasiado en el Madrid: el resultado nos da igual. Ha quedado acreditado que el artífice del Atleti más fuerte que hemos conocido no está nada de acuerdo con eso.

Como en toda remontada, el Calderón solo necesita un gol, no cuatro. Ese primer minuto de felicidad que haga posible el resto en las mentes de los hombres y mujeres allí reunidos. Es el minuto que trascurre entre la celebración del gol y la vuelta al campo propio para el saque de centro. En ese tiempo todo pasa rápido y eres capaz de ver los siguientes minutos de felicidad. Una inercia sentimental que hace del fútbol la cosa más importante de las menos importantes si has caído en desgracia, esencia fugaz de infancia y júbilo. Dura poco y lo normal es que el Madrid acabe con eso en algún momento del partido. Eso sí, si no lo hace y cae, pongamos, en una prórroga inolvidable, nadie le agradecerá su séptima semifinal consecutiva y no habrá honras por Chamartín ante una gloriosa derrota  por 4-3.  Habrá sido un baño y no habrá malentendidos, tal y como los entiende David Trueba. ¿O sí?

+ No hay comentarios

Escribe el tuyo